
México me gusta por su espirito, por su energía -que nunca volví a sentir en ningún otro país- porque tiene una gran diversidad cultural que resiste a la homogeneización en salsa occidental, por su arte y porque es un país de gente digna y orgullosa.

Hace 7 años me fui a México por primera pensando que tal vez podía ser el país en donde pararme y vivir.
Las cosas en los últimos años cambiaron, pero siempre tuve el deseo de volver aunque solo para un breve periodo.
Ahora ha llegado el momento y tengo gran ilusión. Ir con mi querida aumenta mí sensación de felicidad y otra vez me siento como si fuera mi primer viaje.

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