sábado, 13 de noviembre de 2010

Un día largo hace un (cumple)año



Aquel once de noviembre birmano de hace un año, Maurizio compía veintiocho, yo treinta e inconcientemente elegimos la que iba a ser una jornada - la más larga posible.




Nos despertamos a las cuatro de la mañana en la pension con escaleras escarpadas de Rangoon, para dirigirnos hasta la estación en busca del tren de las cinco, para Mandalay.



La estación es Casa para más gente que la población de nuestro pueblo de Lodano.
En aquella hora temprana algunos estában todavía envueltos y pegados en el suelo y otros miraban una horación de un monje, en la unica y pequeña televisión en el centro del edificio.
Los empleados a la hora de la supuesta llegada del tren estaban todavía somnulentos, tumbados en los bancones de cementos, detrás del despacho de billetes.
Dos horas o más después, el viejo tren redondo entró finalmente glorioso en la estación soplando con pereza y listo para dar la vuelta. La marea de gente se despertó del todo y se fue a buscar sitio.



Subimos y a nuestro lado, estaban unos monjes noveles que sabían como ponerse comodos, sentarse bien y luego contemplar. Nosotros también estabamos a gusto y ententamos imitarlos. En el tren aunque los vagones eran de los tiempos de los brits y envueltos de capas gris,gris-negras,negras, se estaba de superlux con los sillones hinchados caídos para atrás.



El día antes sin preguntarnos mucho(también por el idioma; la verdad*), nos habían dado dos billetes en “primera clase”. Seguramente los funcionarios de la estación pensaron que nuestros culosdelwest no podrían con aquello que era destinado al noventa por ciento de los pasajeros, es decir la segunda clase de duras sillas de madera.



La locomotiva arrancó a paso de pato y en principio parecía que estuviese agarrando fuerza pa tomar la velocidad. Entendimos pronto que eso sería el paso de marcha para todo el viaje y que los ninós -de cada pueblo de rangoon hasta mandalay- corren más rapido que el tren.

..
Por todo el viaje y con la excusa del cumpleaño, nos abrímos a tentaciónes varias, que llegaban ofrecidas de las manos de los funcionarios del tren, que nos ponían bajo la nariz calientes platos de arroz frito y bajo la boca botellas de cervezas (también calientes).


Por primera vez ví las campañas de Asia, llevaba solo 5 días en un continente que todavía no conocía, había aterrizado en Bangkok y dos días después, tomado otro vuelo hasta Rangoon.



La vieja capital Birmana, me había gustado, pero siempre tenía una sensación oscura y molesta. Había escuchado bastante sobre las grandes injusticías que sufre la gente de este país y ahora la gente me hablaba en silencio através de una mirada en un pequeño restaurante con humos de te’, delante de un cine abandonado o en una calle con puentes sin farolas.


La visión de la campaña birmana además de espectacular y curadora, fue también liberadora. Através de las ventanas abiertas, miraba a los campesinos masajeando la tierra en los campos de arroz y pensé que hasta que el hombre, conseguirá hacer crecer las semillas que planta, mantendrá alguna libertad que nadie le puede quitar.

El viaje fue lento y con grandes momentos visuales, solo me dió mala onda al pasar la nueva capital Naypyidaw, anonima, seca, y cementificada por los generales con ideas de centralizaciónes aisladas.
Hasta me dió para alucinar (espero) y ver a un hombre de rodillas rodeado de cinco sombras de pie con en mano bastones de plomo.

Llegó el atardecer lento para disfrutar las cortinas del cielo através de las grandes ventanas del tren, luego cayò la oscuridad de repente iluminada por algunas hogeras.
Despues de tantas charlas, birras y tabacos, andar por el tren y una que otra dormida, a la una o por allí llegamos a Mandalay.




Un día que -aunque cansado y con el culo plano- fui feliz que había sido tan largo.


Ahora otro año a pasado rapidamente y me pongo a pensar que,no siempre se consigue realizar y gozar cada minuto que pasa como cuando se està en un tren que se mueve lentamente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario